La elección del equipo que ejecutará la obra es la decisión más determinante de todo el proceso. Un buen contratista marca la diferencia entre un resultado impecable y una pesadilla de meses.
Exige siempre un presupuesto desglosado por partidas, seguro de responsabilidad civil vigente, referencias verificables y un contrato de reforma integral que detalle plazos, penalizaciones por retraso y garantías sobre los trabajos realizados.






